lunes, 30 de septiembre de 2013

N° 41

Abrí mis alas al amor
y volé alto, muy alto.
Acaricié los colores del arcoíris
y ahí estabas abrazándome fuerte en aquella brisa,
susurrándome al oído,
un débil TE AMO.
Allí comenzó nuestro aleteo
que migró kilómetros de cielo,
día y noche,
invierno y verano,

hasta fundirnos en polluelos.

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