Abrí mis alas al amor
y volé alto, muy
alto.
Acaricié los colores
del arcoíris
y ahí estabas
abrazándome fuerte en aquella brisa,
susurrándome al oído,
un débil TE AMO.
Allí comenzó nuestro
aleteo
que migró kilómetros
de cielo,
día y noche,
invierno y verano,
hasta fundirnos en
polluelos.